Hay viajes que se recuerdan por sus monumentos y otros que se quedan en la memoria por algo mucho más sencillo, como un buen gelato frente a la Fontana di Trevi. Así comenzó la historia de Don Nino en México, cuando Fernando Saucedo Ocampo descubrió en Roma, junto a su padre, una propuesta de heladería italiana que lo conquistó especialmente por su gelato de pistache. De aquella experiencia nació la idea de traer al país una gelatería y pasticceria capaz de reproducir el espíritu de Italia sin tropicalizar sus recetas ni cambiar aquello que la hace especial.
Al frente de la operación mexicana, Saucedo, fundador y director general de Dosalmo, apostó por una fórmula poco dispuesta a negociar con la autenticidad. El gelato llega directamente desde Italia, donde lo elaboran siguiendo procesos artesanales del multipremiado Maestro Gelatero Francesco Mastroianni, en Calabria. Su traslado requiere una rigurosa cadena de frío a -21 °C para preservar la textura, la cremosidad y el sabor. El resultado es una experiencia que va más allá de elegir entre chocolate, vainilla o pistache, aunque cualquiera de ellos puede convertirse en una excelente excusa para volver.

La experiencia no termina en el mostrador de los helados. Don Nino también reúne algunos de los clásicos irresistibles de la repostería italiana, desde cannoli y tiramisú hasta macarrones, acompañados de café de especialidad. Sus productos se elaboran con ingredientes naturales, sin colorantes ni conservadores, y combinan sabores tradicionales con propuestas de temporada. Es el tipo de lugar donde una pausa para tomar café puede alargarse sin culpa y donde el postre deja de ser el último capítulo de una comida para convertirse en el plan principal.

La marca abrió su primera sucursal mexicana en Parque Tepeyac y después llegó a Parque Delta y Polanco, donde cuenta con una tienda insignia. Actualmente opera tres puntos en la Ciudad de México y prepara una expansión que contempla alcanzar hasta 80 sucursales en distintas partes del país, con especial atención a zonas comerciales y destinos turísticos. La estrategia de Fernando Saucedo busca acercar esta experiencia a más consumidores sin perder de vista el producto y la calidad que impulsaron su llegada a México. Una apuesta ambiciosa en un mercado donde el paladar también sabe distinguir cuándo algo se hace con oficio.

En tiempos en los que todo parece adaptarse a la velocidad de las tendencias, Don Nino propone algo distinto, disfrutar de una tradición italiana tal como fue concebida. La combinación de gelato artesanal, pasticceria y café convierte cada visita en una pequeña escapada gastronómica, sin necesidad de cruzar el Atlántico. Para descubrir sus sabores y conocer más sobre la marca, puedes visitar don-nino.mx o seguirla en Instagram en @donnino.mx.
