La artista más universal del mundo va más allá de su arte. Es un símbolo que lo mismo sirve para defender el feminismo que para ilustrar un juego de naipes. La Fridamanía invade Londres y el mundo. La exposición explora cómo la figura de Frida no solo es inmortal, sino que se transforma, se adapta a los tiempos y se multiplica. Esa versatilidad forma parte de la muestra que presenta la Tate Modern de Londres bajo el título Frida, la creación de un icono. El museo nos muestra cómo Frida influyó en otros artistas. Como explica el curador de esta exposición para la Tate Modern, Tobias Ostrander: “Se quiere enseñar a Kahlo en su contexto, otra mirada, su obra, su construcción como personaje, su relación con el surrealismo, su propia mitología y el uso de su imagen y su narrativa por otros artistas”.

Si analizamos el fenómeno Kahlo, vemos que ha sido un emblema del feminismo, representante de los chicanos y de la bisexualidad, así como un estandarte contra el racismo. Anteriormente también fue un icono político por su perfil socialista y comunista. Hay algo excepcional en la artista: la gente quiere ser Frida. La fuerza de sus autorretratos, que miran de frente al espectador, y la popularización de su figura en medios, películas y productos han generado toda una industria. Al final de la exposición hay una sección dedicada a la Fridamanía, con objetos como zapatos, prendas de moda, carteles y productos de los más diversos.

Todo lo que la rodea es un éxito de ventas. También ha sucedido con las taquillas de la Tate Modern, que están viviendo un récord de preventa de boletos: más de 40,000, una cifra que supera la demanda de entradas de toda la historia del museo. Frida realizó a lo largo de su vida unas doscientas obras; aquí se exponen poco más de 30, pero con una mirada nueva. En el recorrido vemos obras emblemáticas como El corazón, de 1937. También encontramos creaciones impactantes que recrean su accidente, cuando el autobús en el que viajaba fue arrollado por un tranvía cuando tenía 18 años, en 1925. La experiencia quedó plasmada en obras con cuerpos aplastados alrededor de un tranvía. Impactan sus retratos, con su mirada penetrante, con ojos que miran al exterior y al interior, como en Autorretrato con el cabello suelto, de 1947.

Algunos críticos señalan que en la exposición se analiza de forma obsesiva la imagen y la fama de Kahlo, pero no tanto su obra. La falta de piezas de la artista se suple con obras de creadores contemporáneos a ella y de artistas que, desde la década de los 70, se inspiraron en Kahlo. Las más de treinta obras originales vienen acompañadas de un importante contexto: más de 160 creaciones de unos 80 artistas vinculados de manera directa con su obra. Juntos comparten escenario.

La muestra se inicia con su biografía y su infancia inquietante. Su historia. Después, sus vínculos con el surrealismo y con artistas contemporáneos. Más adelante vemos cómo un fenómeno local se hace universal, con sus peinados, sus tejidos indígenas y su figura convertida en símbolo. Sus vestidos y objetos personales también se exponen, así como sus joyas, su personalidad, sus raíces mestizas y todo su universo. La confirmación de que Frida es un fenómeno mediático se aprecia a la salida de la exposición, en la tienda que espera al visitante, con cuadernos, carteles, bolsas, vasos y velas.

Durante las primeras jornadas de inauguración, la cafetería del museo ofreció un menú en homenaje a la artista, con platillos como el Mole Frida o los buñuelos “Viva la vida”. La Fridamanía continúa. En septiembre llega la exposición 100 Fridas para Frida, con obras de un centenar de artistas mexicanos en homenaje a Kahlo en la Galería Blank Canas. Un fenómeno que nació en México y se extiende por el mundo. Hoy, la figura de Frida está más viva que nunca. El MoMA de Nueva York acaba de presentar una exposición donde une la obra de Kahlo con la de Diego Rivera. Más allá del arte, Frida es un icono, un símbolo que no tiene fronteras y que se adapta a los tiempos como ningún otro creador.
