RICARDO BALBONTÍN
Cartier Privé celebra como merece los diez primeros años de vida y entre las piezas que presenta sobresale el Crash Skeleton. Creado por vez primera en 1967, en pleno corazón del Swinging London, el reloj Crash y su carátula asimétrica revolucionaron los códigos estéticos de la relojería. Desde entonces, siempre se ha fabricado en series muy limitadas.

El ejercicio que hace Cartier en este Crash Skeleton es digno de admiración por su complejidad a la hora de crear la transparencia y visión del movimiento. Es una buena forma de celebrar diez años de Cartier Privé.
A este diseño original se le ha dado ahora una nueva forma esqueleto, donde el movimiento Manufactura de cuerda manual 1967 MC se ha desarrollado especialmente para adaptarse a las peculiares líneas de esta estética radical y albergar sus 142 componentes en el mínimo espacio. La caja de platino 950/1000 cuenta con unas dimensiones de 45,34 mm x 25,18 mm y se remata con una correa de piel de aligátor burdeos semimate.

Con este reloj, todo va un paso más allá en lo que respecta al diseño: los puentes se transforman en números romanos, una construcción del movimiento que ha sido patentada. Además, estos han sido totalmente martillados a mano, empleando una técnica de decoración tradicional que requiere casi dos horas de trabajo. El reloj Crash Skeleton está disponible en una edición limitada y numerada de 150 piezas.
