Hotel Sevilla, una nueva forma de vivir Mérida

Mérida tiene una nueva razón para quedarse a dormir. Hotel Sevilla, la más reciente apertura de Grupo Habita, toma una antigua casona del centro histórico y la convierte en un refugio donde el pasado no está para contemplarse detrás de una vitrina, sino para convivir con una estética mucho más contemporánea. La propiedad, construida originalmente como residencia privada y posteriormente convertida en hotel, llevaba años prácticamente en ruinas cuando Grupo Habita la encontró. Ahora conserva su fachada y distribución colonial, pero suma concreto, diseño minimalista y espacios pensados para una nueva generación de viajeros. La intervención continúa la tradición del grupo de recuperar edificios con historia y darles una nueva vida.

El proyecto estuvo a cargo del estudio interdisciplinario Zeller & Moye, en colaboración con Salomón Sacal, quienes apostaron por hacer evidente el diálogo entre épocas. En lugar de intentar que lo nuevo desaparezca, el concreto se convierte en protagonista de intervenciones como la piscina, el bar y una espectacular escalera de caracol. El resultado tiene algo de manifiesto arquitectónico: muros y elementos originales cuidadosamente restaurados conviven con volúmenes contemporáneos que parecen haber llegado de otro tiempo, aunque en realidad hablan del Mérida de hoy.

El corazón social del hotel es un patio de doble altura que funciona como una pequeña plaza privada. Entre árboles de almendro aparecen una cantina mexicana de ambiente relajado y un bistró de 24 lugares al que se llega por la llamativa escalera de concreto. La propuesta gastronómica corre a cargo de la chef francesa Marion Chateau, quien plantea desayunos de inspiración franco-mexicana y cenas con un menú que cambia diariamente según lo que ofrece el mercado local. En la barra, los clásicos de la coctelería encuentran un acento mexicano gracias a destilados como tequila y mezcal. Aquí, aparentemente, hasta el aperitivo habla yucateco.

Las 17 habitaciones y cuatro suites siguen la misma conversación entre tradición y modernidad. Pisos de cerámica inspirados en las casas yucatecas, maderas locales, textiles de henequén y mobiliario de inspiración modernista conviven con baños de concreto de estética casi brutalista y detalles de latón que aportan calidez. Incluso la tecnología entra sin hacer demasiado ruido: cada habitación cuenta con un video que funciona como una especie de conserje virtual, con recomendaciones de museos, galerías, restaurantes y bares cercanos. Y para completar el descanso, el hotel suma un spa inspirado en tradiciones ancestrales de bienestar de Yucatán, con Tuj —sauna maya—, piscina de agua fría, tratamientos y rituales térmicos.

En la parte posterior, donde alguna vez estuvieron las caballerizas, aparece ahora uno de los espacios más atractivos de Hotel Sevilla: un segundo patio privado alrededor de una piscina de concreto dividida en dos profundidades por un antiguo muro de piedra. Es una postal perfecta de lo que propone el proyecto: Mérida sin nostalgia excesiva, pero con mucha memoria. Además, su ubicación, a una cuadra de Plaza Grande y cerca de la Catedral, Casa de Montejo, Paseo de Montejo y el Mercado Lucas de Gálvez, permite descubrir la ciudad prácticamente a pie. Porque en Hotel Sevilla el lujo no está solamente en dormir bien, sino en despertar en medio de la historia y tener todo Mérida esperando detrás de la puerta.

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