La Belle Époque, una nueva mirada a la mesa francesa

En una ciudad que parece competir contra el reloj, La Belle Époque propone algo casi revolucionario: detenerlo. Desde su apertura el pasado 30 de abril en Roma Norte, este nuevo restaurante del chef Max Righi recupera el espíritu de la tradición francesa para llevarlo a una experiencia contemporánea, elegante y, sobre todo, disfrutable.

Aquí la mesa no es un trámite entre una reunión y la siguiente, sino el lugar donde sucede todo. Una conversación que se alarga, una copa que pide otra y un plato que merece unos minutos más. Porque, a veces, el verdadero lujo consiste simplemente en tener tiempo.

chef Max Righi

La propuesta gastronómica parte de la cocina francesa clásica, pero evita convertirla en una pieza de museo. Righi construye el menú desde sus propios viajes, aprendizajes y encuentros con distintos mentores, reuniendo recuerdos y técnicas que encuentran en La Belle Époque un nuevo escenario. El resultado es una cocina que respeta la tradición mientras juega con ella, con platos pensados para provocar algo más que apetito. Entre los imprescindibles aparecen el Wellington, ejecutado con precisión; la Sopa de Cebolla, ese reconfortante clásico que parece abrazar desde el primer bocado; y el sorprendente Macaron de Foie Gras, donde la delicadeza francesa se encuentra con una dosis de imaginación.

Y si hay un momento en el que la nostalgia se sirve en plato, ese es el postre. La Tarte Tatin pone el broche a una carta que entiende la gastronomía como una colección de placeres atemporales. En La Belle Époque, cada preparación busca recuperar esa sensación de sentarse a la mesa sin mirar constantemente el teléfono ni preguntarse cuánto falta para el siguiente compromiso. El concepto es sencillo, pero poderoso. Comer bien, conversar mejor y dejar que el tiempo haga lo suyo.

Más allá de la cocina, el restaurante apuesta por una hospitalidad que acompaña esa filosofía. La experiencia está diseñada para sentirse íntima, cuidada y natural, con una atención al detalle que no necesita levantar la voz para hacerse notar. La Belle Époque entiende el lujo desde una perspectiva menos ostentosa y mucho más contemporánea: la posibilidad de regalarse un par de horas para disfrutar plenamente del presente. Una idea especialmente bienvenida en una ciudad donde hasta el café de la mañana parece tener agenda propia.

Ubicado en Oaxaca 80, Roma Norte, La Belle Époque llega para sumarse a la cada vez más interesante escena gastronómica de la colonia con una propuesta que mezcla técnica, memoria y sensibilidad. La idea es disfrutar a diferentes ritmos en una larga sobremesa. Porque en La Belle Époque la invitación no es solamente a comer francés, es a recuperar el placer de hacerlo sin prisas y con buena compañía. Y eso, en estos tiempos, quizá sea una de las formas más sofisticadas de lujo.

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