Agosto de 2026 tienen un significado especial en México por el flamenco contemporáneo, el reguetón y la música urbana. Rosalía llega con LUX, un álbum que ha llevado su lenguaje hacia territorios de espiritualidad, fuerza femenina y dramatismo. El recorrido mexicano comenzó en Guadalajara los días 15 y 16 de agosto, continuó en Monterrey el 19 y tendrá su gran desenlace en Ciudad de México, con presentaciones los días 22, 24, 26, 28 y 29 de agosto.
Guadalajara recibió el primer capítulo con símbolos profundamente ligados a la identidad mexicana. El tequila apareció sobre el escenario, acompañado por guantes rojos, la bandera tricolor y una estética donde la elegancia del ballet dialoga con referencias a deidades femeninas. Rosalía no llega a México para reproducir un espectáculo: parece leer el imaginario del país y devolverlo convertido en movimiento, música y teatralidad.
En Monterrey, la propuesta continuó con esa mezcla de solemnidad y fuerza que define la era LUX. Cada gesto parece calculado para crear una imagen que permanece en la memoria: cuerpos en movimiento, coreografías precisas y una intérprete que utiliza el escenario como extensión de su propio lenguaje.
Quienes han seguido el tour alrededor del mundo saben que la emoción ocupa un lugar central. Las lágrimas recorren una piel de porcelana mientras los vestidos blancos hablan de alma y crudeza. En ese contraste —la delicadeza frente a la intensidad— aparece una Rosalía vulnerable, casi ceremonial, que convierte cada canción en una confesión.
El ballet también adquiere un papel esencial. La disciplina de sus movimientos, las formaciones y la presencia de los cuerpos alrededor de la cantante construyen una puesta en escena que por momentos parece una ceremonia contemporánea. La música deja de escucharse solamente: también se contempla, se respira y se siente en cada desplazamiento.
Ahora llega el turno de Ciudad de México. Cinco noches —22, 24, 26, 28 y 29 de agosto— marcarán el cierre de su paso por el país y prometen llevar al público capitalino al punto máximo de esta experiencia. Después de Guadalajara y Monterrey, LUX llega a una ciudad que conoce bien las transformaciones de Rosalía y que seguramente responderá con la misma intensidad.
México queda así dentro de una narrativa que LUX ha construido alrededor del mundo: una combinación de música, símbolos, feminidad, disciplina escénica y emoción sin filtros. Si algo han mostrado sus primeras fechas mexicanas es que Rosalía no busca únicamente cantar sus canciones; quiere construir imágenes capaces de quedarse en la piel. Y frente a ellas, todo apunta a que las últimas noches en CDMX serán también las más memorables.
