Desde hace algunos años, el cine y las series dejaron de influir únicamente en nuestra lista de películas pendientes. Ahora también deciden nuestros próximos destinos. El fenómeno del set-jetting —viajar inspirado por la ficción— vive uno de sus mejores momentos y la esperada adaptación de La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, promete alimentar aún más esa tendencia. Sin embargo, hay una manera mucho más interesante de seguir los pasos de Ulises que buscar locaciones de rodaje: recorrer lugares capaces de transmitir las mismas emociones que inspiraron a Homero hace casi tres mil años.

Esa es precisamente la propuesta de NUBA. En lugar de diseñar un itinerario cinematográfico, la firma especializada en viajes de alta gama construye una travesía donde cada destino representa un capítulo del viaje del héroe. La aventura comienza en Marruecos, entre las murallas de Aït Ben Haddou, la brisa atlántica de Essaouira y las inmensas dunas del desierto. Aquí, el lujo no se mide en estrellas, sino en experiencias: una cena privada bajo un cielo infinito, el silencio de una kasbah escondida o la sensación de caminar por rutas comerciales que llevan siglos contando historias.

Toda gran odisea conduce inevitablemente a Grecia. En el Peloponeso, donde el Mediterráneo parece confundirse con la mitología, el viaje encuentra su corazón. Navegar estas costas, recorrer antiguos yacimientos arqueológicos o contemplar el horizonte desde una cala escondida adquiere una dimensión completamente distinta cuando el alojamiento es el refinado Mandarin Oriental Costa Navarino. La arquitectura integrada al paisaje, el bienestar y la gastronomía convierten cada jornada en una celebración del estilo de vida mediterráneo, ese que parece haber dominado el arte de vivir desde hace milenios.

Pero las mejores historias siempre reservan espacio para lo inesperado. Sicilia aporta el lado más sensorial del recorrido entre monasterios convertidos en hoteles, travesías privadas por las islas Eolias y largas cenas frente al mar desde el legendario San Domenico Palace, un Four Seasons que parece detenido en el tiempo. Después llega el contraste absoluto: Islandia, donde volcanes, glaciares y fiordos transforman el paisaje en un escenario casi sobrenatural. En Eleven Deplar Farm, el lujo se redefine a través del aislamiento, la naturaleza y la exclusividad silenciosa. Finalmente, Escocia y Malta completan el viaje entre castillos, Highlands, fortalezas medievales y un Mediterráneo que durante siglos fue el punto de encuentro de civilizaciones.

Quizá esa sea la mayor virtud de esta propuesta: entender que los grandes viajes nunca han consistido únicamente en cambiar de lugar, sino en cambiar de perspectiva. NUBA utiliza La Odisea como punto de partida para recordar que las mejores historias no terminan cuando aparece la palabra “fin”, sino cuando uno decide vivirlas. Porque, al igual que Ulises, cada viajero emprende un camino distinto. Y aunque los mapas cambien, la verdadera aventura sigue siendo la misma: descubrir que el destino más importante no es el que aparece en el itinerario, sino la persona que regresa después del viaje.
