Rodolfo Valentino, el primer latin lover

Nació en Castellaneta, al sur de Italia, en 1895; su verdadero nombre era Rodolfo Alfonso Raffaello Pierre Filibert. Pese a su aristocrático apellido, la familia no tenía muchos recursos, y a los 18 años emigró a Estados Unidos en busca de fortuna. Tras una larga travesía en barco, comenzó una nueva vida en Nueva York en el mundo de la jardinería, pero sin éxito; fue lavador de autos, barrendero incluso tuvo que dormir en la calle. Desesperado, confió en sus dotes de baile y ejerció de bailarín con grandes herederas. Entre ellas, Blanca Errázuriz, una joven chilena casada con un millonario del que se divorció, John de Saulles. En el juicio de divorcio, Valentino declaró contra el poderoso magnate, que en cuanto pudo, valiéndose de su influencia, logró que detuvieran al bailarín en su apartamento, acusándolo de proxeneta. Pasó dos días en la cárcel, pero después buscó climas más cálidos y se fue a California, donde entró en círculos cercanos al cine, que vivía el despertar de la industria. Comenzó como extra y con papeles secundarios.

Con 24 años se casó con la actriz Jean Acker, en 1919, pero el matrimonio tuvo una duración récord por lo breve: duró menos de un mes; de hecho, cuentan que ni siquiera celebraron la noche de bodas. Probó suerte de nuevo y se casó, en México, con Natacha Rambova; se habían conocido en el rodaje de Uncharted Seas (Mares desconocidos), en 1921. Más tarde volvieron a coincidir en La dama de las camelias. Ella se inició en el arte del ballet, pero después mostró mucho talento para el vestuario y la dirección artística, y acompañó a Rodolfo en muchos de sus éxitos y fracasos. Dicen que ella fue clave a la hora de configurar su imagen y su vestuario, la de un dandi, un gran galán. Él puso de moda las camisas de seda, los grandes pañuelos, la joyería masculina y los trajes más ajustados. Cuando se casaron, el actor fue detenido, acusado de bigamia, porque no había pasado el tiempo suficiente desde su anterior divorcio.

Valentino vivió la edad dorada del cine mudo, y enseguida comenzaron a apodarlo latin lover; su imagen era la de un gran galán, y pronto empezó a proyectarse internacionalmente. Su primer gran éxito fue Los cuatro jinetes del Apocalipsis, donde aparece como un gaucho que baila tango y seduce a mujeres en Buenos Aires, obra basada en un libro del español Vicente Blasco Ibáñez. En 1921, El jeque; después, otra obra de Blasco Ibáñez, Sangre y arena, pero con menos éxito. Le siguieron El águila y El hijo del jeque. Sus actuaciones, llenas de erotismo y atractivo sexual, lo convirtieron en una estrella con miles de fans. Este exótico actor pasó a la historia como uno de los grandes seductores. Su biografía ha dado para libros, películas y series. Pero algunos dudaban de su masculinidad, en concreto un periodista del Chicago Tribune, lo que enfureció a Rodolfo y lo llevó a retarlo a un duelo no a pistola ni a espada, sino a puñetazos. Organizaron una velada de boxeo, de la que Valentino salió vencedor.

En 1925 creó unos premios que fueron el antecedente de los Óscar, para premiar la excelencia en el cine. Justo al año siguiente falleció, a los 31 años, por una peritonitis y una úlcera gástrica. Rodolfo rompía corazones, pero a él se le rompió el intestino. Su enfermedad, en agosto de 1926, fue seguida por miles de admiradoras, y su funeral convocó a más de cien mil personas por las calles de Manhattan, y provocó desmayos, histeria, gritos y numerosos suicidios. Se dice que algunas escenas fueron simuladas, para crear uno de los primeros funerales mediáticos de la historia. Después de Nueva York, el féretro viajó en tren a Los Ángeles, donde le esperaban algunas estrellas para el último adiós, como Charles Chaplin, Mary Pickford o Pola Negri. El día de su muerte, The New York Times titulaba: “Tres médicos y dos enfermeras vieron morir al ‘mayor amante del cine’”.

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