Xilitla, el sueño despierto de Edward James

Carolina Chávez

En la Huasteca potosina, Edward James desarrolló un proyecto que ocupa un lugar específico en la historia del arte en México. Las Pozas reúne arquitectura, escultura y paisaje en un conjunto que se construyó a lo largo de más de dos décadas. Las imágenes que hoy circulan del sitio —columnas que se elevan entre la vegetación, escaleras que se interrumpen en el vacío, estructuras abiertas al cielo— no documentan una obra terminada, registran un sistema en expansión que sigue activo dentro del paisaje, y que evoluciona con el tiempo y las condiciones del ecosistema. 

El proyecto inicia en 1947, cuando James adquiere una plantación en Xilitla y establece una primera relación con el territorio. Tras la helada de 1962 que destruye su colección de orquídeas, la construcción del jardín toma un nuevo impulso y se vuelve el eje de su vida. A partir de ese momento, la obra crece mediante la incorporación constante de estructuras de concreto que se integran directamente con la selva, el agua y la humedad del entorno. Más de 150 trabajadores locales participan en su edificación, sosteniendo un proceso prolongado que se extiende hasta 1984.

[PIE DE FOTO: Foto: Acervo Colección Gastélum Edward James Fundación Pedro y Elena Hernández, A.C.]

Columnas de gran altura, plataformas abiertas, marcos sin cierre. Cada elemento forma parte de una composición que privilegia la experiencia espacial. El recorrido exige atención, ajusta el ritmo del cuerpo y obliga a mirar de otra forma. Las imágenes del sitio —puertas que no conducen a ningún interior, flores de concreto que emergen entre la vegetación— consolidan una narrativa donde lo construido y lo orgánico se mezclan buscando unidad. 

[PIE DE FOTO; Edward James. Foto: Archivo Actum]

Antes de su trabajo en México, James participó activamente en el entorno del surrealismo europeo, con vínculos cercanos a Salvador Dalí y René Magritte. Esa línea de pensamiento encuentra en Xilitla una materialización directa. La obra ejecuta el surrealismo en escala territorial. En ese mismo ecosistema creativo, Leonora Carrington interviene el espacio con un mural que permanece integrado al conjunto, reforzando la dimensión simbólica del sitio.

[PIE DE FOTO: Manos. Foto: Google and Arts]

El conjunto fue declarado Monumento Artístico Nacional en 2012 y hoy es gestionado por la Fundación Pedro y Elena Hernández, responsable de su conservación bajo lineamientos del Instituto Nacional de Bellas Artes. La operación implica restauración constante, protección del ecosistema y atención a más de 160 mil visitantes al año, cifras que colocan al jardín dentro de un circuito internacional sin alterar su condición original.

[PIE DE FOTO: Palacion de Bambú. Foto: David Paniagua  Pedro y Eena Hernandez Foundation]

El valor del proyecto se sostiene en el tiempo. Cada estructura forma parte de una visión que se desarrolló con continuidad, con recursos y con una intención clara de permanencia. Las imágenes de Las Pozas insisten en esa idea, fijan una forma de habitar el arte donde el espacio se vuelve experiencia directa.

Hoy, Las Pozas se mantiene como un punto de referencia dentro del arte en México. Un lugar donde la relación entre obra y territorio adquiere una dimensión concreta. El jardín establece una forma de entender el lujo ligada al tiempo invertido, a la disciplina material y a la capacidad de construir un lenguaje propio.

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